
Cada vez que haciendo zapping me encuentro con los Lunnis pienso:
-¡Copón!, ¡qué muñecos más feos!
Todo lo que les sobra de corrección política, les falta de corrección estética.
Pero, … ¿por qué?
Si los pobres niños se “merecen” que se les esté machacando con moralinas de lo políticamente correcto desde pequeños, ¿no habría que hacer lo mismo con las cuestiones estéticas? (es lo que siempre ha hecho Disney).
¿Resulta que ahora les hacemos tragar “buen gusto” moral, y mal gusto estético? ¿a cuento de qué?
La única explicación que le veo al asunto, como no podía ser de otra manera, es por cuestiones monetarias: dígase merchandising.
¡Oh!, ¡qué gran idea comercial!, hacer personajes tan feos y mal hechos, que sea prácticamente imposible que al fabricante de peluches, llaveros y juguetitos le salgan peor que los originales. Así todos los niños como locos de contentos con la compra.
Hablo de los Lunnis por ser los primeros, pero exactamente en la misma línea, les han salido competidores en otras cadenas de televisión, como Los Algos en Cuatro, hechos con tan mal gusto que se me pone mal cuerpo cuando los veo durante más de 5 minutos.
Así pues, no he podido resistir la tentación de presentarlos compartiendo escenario con unos de sus compañeros de parrilla televisiva: los animalitos de los documentales de La 2.
¡Menos Lunnis y más Pocoyo!
